El crecimiento del mercado mundial de la alimentación refrigerada

El mercado de la alimentación refrigerada está en crecimiento a nivel mundial. Las medidas de contención de la pandemia de Covid-19 han incidido directamente en un cambio de hábitos de consumo, y los productos alimentarios, especialmente los que se suministran a temperatura controlada, han visto incrementar su demanda. Según el estudio del mercado llevado a cabo por Brand Essence Market Research Company, el sector valorado en 295.890 millones de dólares en 2018 evoluciona a una tasa de crecimiento anual compuesto (CAGR) del 3,92%, de manera que en 2025 prevé que alcance los 387.270 millones.

Entre los factores que explican esta tendencia no solo se encuentra la influencia de las medidas de contención de la pandemia, sino también la urbanización de zonas rurales en puntos del planeta tan poblados como la India. Esta realidad está repercutiendo en la aparición de nuevos comercios minoristas que se incorporan a la cadena de suministro, y que además disponen de equipos para la conservación de los alimentos refrigerados.

El valor añadido de los productos alimentarios se prevé que crezca del 8% actual a un 35% al final de 2025. Los consumidores no solo buscan la comodidad de preparación en estos alimentos, sino también alternativas saludables, orgánicas y de calidad que supongan un ahorro.

En otro estudio, sobre el tamaño del mercado de la logística del frío en Europa, Statista prevé que pase de los 75.000 millones de dólares facturados en 2019 a los 112.800 millones en 2025.

En este cambio de tendencia en los hábitos de consumo, que es ya una realidad consolidada, influyen también aspectos como la mayor conciencia respecto al desperdicio de comida y la sostenibilidad. Además, se trata de una transformación que difícilmente se podría explicar si no contempláramos la influencia del comercio electrónico: la venta online de alimentación fresca y comidas preparadas ha crecido exponencialmente en el último año.

Adaptarse para mantener la competitividad

La cadena de suministro de alimentación refrigerada es un ecosistema en evolución y, por tanto, los agentes que forman parte de ella necesitan adaptarse para mantenerse competitivos y dar respuestas adecuadas a las nuevas exigencias del sector. La pandemia ha acelerado los cambios, pero el almacenamiento frigorífico ya tenía una gran demanda en los años previos. Entonces, los sistemas de inventario just-in-time eran considerados los más rentables para gestionar la cadena de suministro. Sin embargo, ahora las empresas necesitan espacio de almacén refrigerado para atender la demanda creciente, y no podemos olvidar que las instalaciones disponibles son limitadas.

Esto está llevando a muchas organizaciones a replantear su estrategia de distribución en la cadena del frío. La aceleración de la rotación del inventario requiere de un planteamiento sólido respecto a los planes de almacenamiento. La seguridad alimentaria es fundamental. La rotura de la cadena del frío es un riesgo a evitar a toda costa, con responsabilidad repartida entre fabricantes, distribuidores y minoristas, que deben tener en cuenta múltiples factores: el aumento de los costes energéticos, la seguridad laboral, la necesidad de conocer en tiempo real la ubicación de cada unidad logística, la trazabilidad, la escasez de mano de obra cualificada, el auge del comercio online, o las ampliaciones (e incluso construcción de nuevas instalaciones) para abordar con garantías las nuevas exigencias del mercado.

Sostenibilidad económica y medioambiental

Para mantener la competitividad, es necesario adaptarse a la realidad del sector y avanzarse a su evolución, y hay que hacerlo de manera que la actividad sea sostenible, no solo desde el punto de vista medioambiental (un aspecto cada vez más primordial), sino también del económico. Uno de los gastos más importantes en cualquier instalación frigorífica es el de la energía consumida. Según Industry Drive, equivale a unos 30.000 millones de dólares anuales. La necesidad de optimizar las instalaciones resulta obvia.

Las empresas que afrontan una actualización de sus instalaciones deben poner toda la atención en proveerse de los sistemas de producción de energía más eficientes, porque la reducción de costes energéticos va a marcar la diferencia en la cuenta de resultados. Las nuevas tecnologías de refrigeración son más eficientes; también los almacenes de alta densidad contribuyen a ahorrar costes. Más altura y mayor densidad de almacenaje reducen el tamaño de las instalaciones, y ello repercute en un menor consumo de energía. Aquí, la automatización juega un papel fundamental: los sistemas automáticos de almacenamiento y recuperación funcionan con un 25% menos de energía.

Aplicar estas mejoras, apoyándose en las nuevas tecnologías, repercute en la sostenibilidad económica del negocio, pero también en la calidad de los procesos y en un menor impacto de la actividad industrial en el medio ambiente.

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